Ansiedad

¿Cómo manejar la ansiedad en tiempos de incertidumbre? Parte II

By 21 abril, 2021 No Comments

Esta es la segunda parte del artículo: ¿Cómo manejar la ansiedad en tiempos de incertidumbre? (Parte I)

El hecho de no saber qué nos depara el futuro con respecto a la crisis sanitaria, nos provoca incertidumbre y angustia. El empleo que creíamos asegurado ahora cambia de forma drástica y debemos trabajar de forma totalmente diferente o, en algunos casos, sentir el inmenso temor a perderlo definitivamente. Los planes personales que teníamos se han visto suspendidos de forma indefinida y nuestra rutina ha entrado en jaque. Estamos expectantes.

Esta situación puede derivar en una profunda ansiedad, la cual puede ser la puerta de entrada a una depresión o al constante miedo de no saber qué será de nosotros.
Si no tomamos acción y atención interna, nuestra vida amenazará con ser controlada por las circunstancias, lo cual sería el principio del fin para nuestro bienestar y felicidad. Por un lado, es verdad que hay situaciones que están fuera de nuestro control y acerca de las que nada podemos hacer. En cambio, sí podemos seguir una serie de pasos para adaptarnos a la nueva realidad y así mitigar la ansiedad que nos produce la incertidumbre acerca de nuestra vida personal y laboral.

Pasos a seguir para gestionar la ansiedad ante el miedo al futuro

Identificar la utilidad de nuestras emociones: no hay emociones buenas o malas, sino que para cada uno son vividas como agradables o desagradables, positivas o negativas, las cuales pueden derivar en cambios que nos harán sentirnos en bienestar o en malestar. De una emoción altamente positiva, puede derivarse una situación muy perjudicial para nosotros si es que con ella nos conducimos hacia terrenos nocivos.

ansiedad y soledadDel mismo modo, el miedo que produce la incertidumbre puede transformarse en el detonante de cambios muy significativos, y positivos, en nuestro existir. Lo que debemos hacer es darnos cuenta de la emoción que estamos sintiendo y dilucidar qué propósito tiene en este momento, en nuestra vida.

Tal vez nos esté invitando a calmarnos y reflexionar; quizás haya aparecido para obligarnos a tomar acción y propiciar un cambio que hace tiempo estábamos necesitando o incluso es posible que nos sirva para replantearnos nuestros vínculos personales y nuestro rumbo laboral. Lo que siempre debemos tener en cuenta es que las emociones y las sensaciones son el preámbulo de una acción, si podemos tomar consciencia de ella, nos ponemos en marcha para hacer aquello que tengamos que hacer, según nuestro sentir y las circunstancias que nos rodean.

Entender que la tranquilidad no se compra: vivimos en un mundo en el que todo tiene su precio. Es más, con un solo click nos llegan a la puerta de casa toda clase de productos, y de cualquier parte del mundo. Por lo tanto, cuando la incertidumbre comienza a corroer nuestro estado de ánimo, buscamos la forma de “comprar” la estabilidad y la tranquilidad que amenazan con desaparecer. No obstante, es imposible materializar ese impulso, ya que la tranquilidad no está a la venta.

Por ende, acudir al supermercado a sobreabastecernos no solo no nos brindará la tranquilidad que buscamos y no contribuirá a la sociedad en la que vivimos, puesto que muchas personas quedarán desabastecidas si acciones como la nuestra se replican en masa.

En definitiva, comprar de más hace más daño que los beneficios que aporta. Lo ideal es comportarnos de forma precavida, pero nunca perjudicando los intereses y las necesidades de la comunidad en la que vivimos, ya que eso terminará repercutiendo de forma negativa sobre nosotros.

Racionalizar el miedo: el miedo es una reacción instintiva; nuestro cerebro recibe el estímulo y, si no lo conducimos hacia un buen lugar, nos arrastrará a nosotros. Desde la perspectiva biológica, el miedo no es captado de forma selectiva por el cerebro, sino masiva. Esto quiere decir que, si lo dejamos avanzar sin poner la razón de por medio, terminaremos paralizados y con miedo a todo. Lo que se recomienda hacer es atajar ese miedo y conducirlo hacia donde debe actuar.

Por ejemplo, si tenemos miedo a perder nuestro trabajo, una de las acciones más sabias que podemos tomar es la de capacitarnos en un área de alta demanda. En cambio, si el miedo es que el dinero no nos alcance para cubrir nuestras necesidades básicas, entonces sentarnos a planificar una reducción de los gastos mensuales será la mejor alternativa.

Racionar la exposición a la información: la incertidumbre no es otra cosa que el miedo a algo que no ha sucedido y que, posiblemente, nunca suceda. Si entendemos esto, estaremos dando un gran paso hacia el manejo de la ansiedad en tiempos inciertos. Para ayudarnos a no sumirnos en ideas catastróficas, debemos darle a la información el lugar que se merece en nuestra vida.
Así como no comemos todo el día, no jugamos con nuestros hijos diez horas al día ni hacemos los quehaceres domésticos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, tampoco deberíamos estar conectados a una fuente de información las veinticuatro horas del día.

Hazte la siguiente pregunta: ¿Cuánto tiempo le dedicabas al informativo antes del advenimiento de la pandemia? ¿Veinte minutos al día? ¿Treinta? ¿Una hora? ¿Dos? Pues bien, en los tiempos que corren podrías mantener esa saludable rutina y dedicar más tiempo a sentirte bien y a tomar las acciones necesarias para evitar una crisis personal.
Concéntrate en lo que te ayudará, toma nota de los eventos agradables, aunque sea de uno al día (observa qué sientes con esa experiencia) y por otro lado erradica de tu rutina las actividades que solo contribuirán a aumentar tu ansiedad y paralización.

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