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Estoy tan segura de lo que siento que no me queda más que aceptarlo: siento rencor hacia mis padres y, además, ellos no me quieren como yo necesito. El resentimiento que tengo hacia ellos no me permite avanzar, me siento estancada, perdida, como si algo me faltara, pero no puedo desprenderme de este malestar tan grande, siento que lo llevo arrastrado adondequiera que voy.

Antes de continuar te invitamos a empezar los posts sobre emociones desde el principio:

Cuando era pequeña, mi padre pasaba de mí todos los días y nunca dije nada. Es más, desde que soy consciente de que eso ocurría, siempre creí que todos los padres eran iguales, hasta que comencé a hacer tareas en casa de mis compañeros de escuela y me di cuenta que lo que me pasaba a mí no les ocurría a todos.

De hecho, nunca recibí un beso de mi padre. Ni en la frente, ni un beso de esos que lanzas al aire para que lo coja la otra persona. Nada, ni siquiera un abrazo. Para él, yo era invisible. Sólo me dirigía la palabra cuando no hacía la tarea, recibía críticas por despertarme tarde, críticas por no tener hambre, críticas por no ducharme a tiempo e, incluso, por ducharme más de la cuenta.

¡Pasaba de ignorarme por completo a ser una especie de estorbo para él!

Cuando salía corriendo hacia donde estaba mi madre, la cosa era parecida. Intenté recibir protección en sus brazos, pero sus palabras me dolían igual. Siempre le daba la razón a papá, siempre. Sentía que nadie me entendía ni era capaz de responder a lo que necesitaba como niña que era.

A medida que fui haciéndome adulta, la relación fue normalizándose. De hecho, nunca fue del todo anormal porque desde la adolescencia me había cuidado de no pedirles más, de no exigirles amor y cariño. Actualmente vivo en pareja, desde hace cuatro años de manera estable y quiero tener hijos. Pero me surgen dudas: ¿Y si de pronto lo hago como hicieron mis padres conmigo? ¡No quiero hacer eso! Mi pareja sueña con un niño y no sé si podré cumplirse ese deseo, de verdad que no lo sé.

El rencor es fruto de una herida mal curada: se puede sanar

Siento rencor hacia mis padres. Sé que sentir esto es horrible y me intento justificar de mil modos, pienso que no lo podían haber hecho mejor que lo que hicieron… Pero no puedo. Llevo viviendo mucho tiempo con esta sensación en el pecho, que me ahoga como si tuviese sobre él una losa.

Este relato es una de las tantas confesiones de hijos que ahora son adultos y el resentimiento sigue vigente. Su niño interior sigue sintiendo que sus padres no le han dado suficiente amor y cariño, aunque intentan comprender, pesa más el reproche. Sin atender al niño interior que siente dolor es difícil sanar, dejar atrás el rencor, encontrarse realmente con un “yo adulto”, comprender en profundidad la historia familiar y vivir la relación actual sin cargas del pasado.

Si alguna vez pasaste por esto, ojalá hayas encontrado una buena salida desde el amor, la integración de lo vivido, la aceptación real de lo doloroso y de la vida con todos sus matices. Si notas que aún no puedes liberarte del resentimiento, tenemos la posibilidad de trabajarlo en terapia. Con la Terapia Gestalt y el enfoque sistémico te ofrecemos herramientas y recursos que te permitirán salir del círculo que te tiene atrapada, llegar a conocer en ti el resentimiento y el rencor y también el alivio de dejarlos atrás. Es un proceso que sólo requiere de tu intención de superarte, de resolver los bloqueos, traumas y asuntos pendientes que no te permiten avanzar.

Con nuestro gabinete de psicólogos en Barcelona podrás dar pasos hacia adelante e incluso si lo deseas permitirte la posibilidad de ser madre reconociendo la capacidad de dar amor y cuidados. El resentimiento es un sentimiento que es capaz de convertirte en una persona que no te gusta, pero existen soluciones para superarlo. Si lo deseas recorreremos juntos el camino para dejar atrás lo que ya no te sirve, ordenar las cuestiones del amor y dirigir tu vida en la dirección que elijas con libertad, sin repetir patrones que no son buenos para ti, ni para tu familia.
Porque nosotros hemos recorrido ese camino para sanar heridas y hacernos adultos, podemos guiarte en el tuyo con compresión y sin juicio. No dudes en consultarnos cuando lo necesites.

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