Podemos describir el cansancio de forma sencilla, como la sensación de que estamos faltos de energía, y lo sentimos en el cuerpo, en la mente o en ambos. Las causas de sentirnos agotados suelen ser múltiples y afectan a cada persona de una manera distinta.

El descanso insuficiente, una alimentación poco equilibrada, la dificultad para desconectar de nuestras responsabilidades y disfrutar del momento, o no tomarnos algún tiempo para estar a solas y hacer lo que realmente deseamos hacer…

Aunque las causas del cansancio puedan ser diversas podríamos decir que tiene un aspecto en común: la falta de atención a nuestras propias necesidades.

Por otro lado, el exceso de actividad laboral, familiar, social… lo que conocemos como estrés, puede generar angustia y un profundo decaimiento cuando, pese a todo lo que nos vemos obligados a hacer, nos cuesta responder a causa del cansancio.  Podemos encontrarnos con una sobrecarga emocional, cuando nos vemos en situaciones  muy demandantes o una pérdida, un momento de cambio… y sobre todo si nos sentimos con poco apoyo para hacerles frente.

Encontrarnos saturados física o emocionalmente y, a su vez, agotados por todo ello, puede generarnos frustración, sentimientos de culpa y hacer que entremos en un círculo del que puede ser complejo salir.

Una de las consecuencias más preocupantes a las que puede llevarnos el cansancio extremo, es la apatía, ese estado en el que la motivación desaparece y nos hallamos indiferentes emocionalmente frente a todo lo que nos rodea.

¿Qué podemos hacer para prevenir y actuar frente a la fatiga emocional?

La primera premisa es darse cuenta de la situación, tomar conciencia de lo que nos está ocurriendo. Es entonces cuando nos es posible dejar aflorar las emociones que nos están saturando y escucharlas, para poder identificar qué y cómo nos está afectando.

A menudo son síntomas corporales los que nos alertan, lo que nos ayuda a darnos cuenta. Al poner la atención en nuestro cuerpo y lo que sentimos en él: jaquecas, tensiones, contracturas, dolor de estómago… podremos observar que algunos síntomas del cuerpo, nos ponen sobre aviso cuando algo nos está sobrepasando a nivel mental y emocional y ya es hora de tomarlo en serio y hacer algún cambio.

Cuando tomamos consciencia de que el agotamiento nos está afectando, podemos entonces buscar las causas internas y externas que lo están causando y empezar a actuar de manera distinta para frenarlo o revertirlo.

Uno de los primeros pasos que podemos tomar para prevenir y actuar sobre nuestra fatiga es proponernos hacer un cambio de hábitos progresivo. Solemos tener muy integrada una manera de funcionar y acabamos creyendo que “la vida es así”, que “no tengo alternativa”, que no existe la manera de hacer las cosas de otra manera y verme afectada de una manera distinta por ello.

Podemos probar con  pequeños cambios, a veces nos esforzamos por mantenerlos estables en lugar de cambiar algo que no nos favorece. No se trata de dar un giro de ciento ochenta grados a nuestra vida que suele ser nuestro primer impulso –hacer un cambio radical-, esto puede ser difícil de sostener.

Cada uno de nosotros tenemos distintas necesidades y, lo que resulta útil y positivo para una persona puede no resultarlo para otra. Algunas cosas pueden ayudarnos en general a ser más conscientes y a conservar y regenerar nuestros propios recursos para lograr sentirnos mejor. Una buena alimentación, un descanso suficiente, hacer algo de ejercicio y mantener buena relación con uno mismo, siempre son recomendaciones saludables que deberíamos convertir en hábitos imprescindibles. Por otro lado, están las actividades que nos gustan y divierten a nivel personal: pasear, ir al cine o al teatro… actividades que a solemos relegar para “cuando haya tiempo” porque  nuestras obligaciones diarias parecen ocuparlo todo.

Empezar por reservarnos un pequeño espacio diario, que podamos dedicar a desconectar o conectar con otro sentir, leyendo, escuchando música, caminando… Ir reservando algún tiempo a esas actividades que hemos dejado de lado, se puede empezar por poco e intentar ser constante en ello. Y, en otro orden de cosas, pasar más tiempo con esas personas que son significativas y con las que nos sentimos a gusto de verdad.

Hacerle hueco en nuestras vidas a aquello de lo que disfrutamos, aunque parezca una inversión más de energía, tiene el efecto contrario: nos aporta fuerza e ilusión para afrontar todas las tareas ineludibles que requieren nuestra atención.

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