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Resulta tristemente común que con el tiempo las parejas que se unieron por sus encantadoras diferencias acaben separándose por no poder soportar eso que les hacía tan distintos. La evolución de la relación ha tomado un camino pedregoso y lejos de hacer frente a los problemas de manera sana y responsable, han puesto el piloto automático de las conductas destructivas y la comunicación casi nula o insoportable.

Llega el día en el que la situación resulta insostenible y hay que decidir qué sendero tomar: el de la separación o el de la búsqueda de ayuda.

La primera opción es la fácil si no hay más compromisos que el verbal y unas pocas cosas materiales en común. Pero si la pareja ha ido de la mano durante mucho tiempo o si pese a todo el amor sigue vivo, la segunda opción es la más sensata y una buena opción para solucionar los problemas.

Dar ese paso implica un compromiso nuevo, de regeneración, de abrir la mente y de dejar de acudir a los viejos métodos para solucionar lo que no funciona.

 

Para superar los obstáculos cada miembro debe asumir su responsabilidad. Y esto significa pasar de ser una persona guiada por impulsos irracionales o por la apatía a ser una persona que aprende a gestionar sus emociones y a proyectarlas de manera sana, sin portazos, sin gritos, sin vacíos ni silencios.

Así pues, una vez que comienza este periodo de consciencia y de acción, cada uno debe pararse a reflexionar qué hace para que las cosas funcionen en la pareja y también qué hace que suponga obstáculos en esa unión.

Es importante que fluyan los pensamientos, los sentimientos y las emociones, pero sobre todo es vital darse cuenta de que para arreglar ese equipo de dos primero hay que mirar dentro de uno mismo, sobre todo antes de acusar al otro.

Cuidar al otro pasa siempre por cuidar antes de uno mismo.

Hacerse preguntas es una buena manera de comenzar una búsqueda personal y en equipo, de soluciones. Podemos preguntarnos acerca de nuestras necesidades y las del otro, pues en muchas ocasiones damos por hecho que la pareja conoce nuestros deseos y no es así, porque no los hemos verbalizado. También sería posible hacer hincapié en los actos que queremos realizar actualmente, en aquello que depende de uno mismo y que estaría dispuesto a cambiar.

Interrogarnos nos permite hacer un alto en el camino y desactivar ese piloto automático.

Nos da un margen de tiempo que permite ir más allá de nuestros impulsos automáticos, pues pueden resultar dañinos para los demás, y también nos invita a darnos cuenta de nuestras propias necesidades, a orientarnos en la vida, a saber ver qué nos pasa y cómo reaccionamos al respecto… y también, claro está, ver al otro.

Lo mejor que podemos hacer para cambiar las cosas que no nos gustan en la pareja es empezar por uno mismo de manera consciente, aprendiendo a desarrollar y gestionar las emociones, la comunicación y las dificultades desde la plena responsabilidad.

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Desde la terapia Gestalt, en nuestro gabinete de psicólogos en Barcelona, contamos con especialistas en terapia de pareja y trabajamos desde el punto de vista de la psicología y de la terapia Gestalt para favorecer la unión con la pareja y la unión con uno mismo, la comunicación no violenta y los métodos de solución de problemas que están basados en la asunción de la responsabilidad personal y el enfoque sistémico que cada uno trae a la pareja desde su propio sistema familiar y que tal vez hay que revisar para no repetir patrones que no encajan en nuestro sistema actual: nuestra pareja o nuestra familia.

 

Hay actos, actitudes o comentarios que no funcionan, salvo para perjudicar gravemente la relación.

Podemos ayudarte a cambiar tu forma de ver la realidad y también de enfrentarte a ella. De esa manera podrás recuperar el control de tu vida y de tu relación con los demás, cuenta con nuestro equipo de Psicólogos en Barcelona, especialistas en Terapia de Pareja, para responder a tus dudas, tienes la primera visita gratuita. 

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