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Si notas en ti una profunda tendencia al sufrimiento, si crees que te haces demasiados problemas y te cuesta sentirte satisfecho/a, es probable que te interese este artículo.

Seguramente más de una vez has comprobado que aquello que puede ser útil, o bueno, para algunas personas, no lo es para ti… o no te acaba de convencer o te parece superficial o piensas que pierdes tu tiempo y no logras sentirte mejor, qué es lo que realmente deseas.

Si no te sirven las frases positivas, ni quieres fórmulas mágicas, ni pretendes que te digan lo que tienes que hacer, puedes ir leyendo y sacando tus propias conclusiones.

No sientes orgullo por ser diferente, ni quieres regodearte en tus problemas, el tema es que tú lo vives de esa manera, más intensa, más sensible, quieras o no quieras. Por eso no te sirven los sermones, prefieres que te escuchen, que no te juzguen, que te acompañen a recorrer un buen camino, sin empujar, ni tirar de ti.

Quieres ser feliz, éste es tu anhelo más profundo, pero te está costando encontrar sentido en las cosas que vives, no logras amar y sentirte amado/a como te gustaría o simplemente estar satisfecho/a con tu vida.

Quizás desde pequeño/a te esfuerzas por controlar esa tendencia al sufrimiento y a momentos lo consigues. Es estupendo cuando lo logras y ves la vida con los colores que tanto deseabas. Y quieres mantenerte así, en ese estado tan bello, pero siempre pasa algo y vuelve el habitual sufrimiento. Y llegas a pensar que hay algo serio, algo malo en ti, en todo esto…

El dolor puede ser grande y las caídas duras, sobre todo cuando se trata del amor. Y aunque quieras comprender y cambiar las cosas a menudo vuelve a aparecer ese manto pesado con el que se cubre tu panorama interno y el externo.

Caes entonces en la tentación de echar la culpa a otros, a tu entorno, a ti misma… Como si encontrar “culpables” y enfadarte cambiara algo… En este punto te quiero decir que las cosas no cambian solas, que nadie puede hacer este trabajo por ti, que no hay culpables y hay una salida. En la terapia humanista, principalmente en la Gestalt, no nos gusta hablar de culpa, preferimos hablar de la responsabilidad. Responsabilidad no como una carga más, sino como la habilidad para responder de una manera más libre (libre de nosotros/as mismos/as). En el proceso de terapia vamos viendo que ese tipo de responsabilidad, el hacernos cargo de lo propio sin culparnos, alivia nuestro sufrimiento, nos hace más dueños de nosotros/as mismos/, más libres.

Muchos de nosotros/as, terapeutas de este equipo, encontramos en este tipo de terapia la autenticidad y la profundidad que necesitamos para valorar nuestra singularidad, aceptarla y abrazarla.

En este enfoque terapéutico notamos, desde el primer momento, que se respeta nuestra libertad, nuestra voz, nuestro sentir y nuestra creatividad. Si estuviste usando esa creatividad para hacerte daño (sin quererlo), con la terapia poco a poco aprendes a hacer algo diferente, observas que esa rica vida interior que tienes, puede ser una fuente de inspiración y bienestar, para sostenerte en el camino e ir dejando atrás el sufrimiento innecesario. Aunque nadie puede evitarnos el dolor, ya que cuando algo duele, duele.

Se trata de sentir más amor hacía nosotras/os y hacia los que nos rodean, de no perder nuestro centro o si lo perdemos saber volver a él, de estar más tranquilos/as y vivir sin tantas cargas del pasado y sin perdernos en las complicaciones del presente.

Si en algún momento te planteas hacer terapia puedes contactarnos y probar con este enfoque humanista en el que confiamos por haber hecho nuestro propio recorrido personal.

Si lo deseas la primera visita puede ser gratuita, son unos 20 minutos para ver si realmente te sientes a gusto con tu terapeuta, puedes hacerla en forma presencial u online. Y estoy casi segura que será una buena experiencia para ti, como lo fue para cada uno de nosotros/as. Gracias por leernos!

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