Terapia pareja

Crisis y comunicación en pareja

By 23 diciembre, 2015 2 Comments

Todas las personas a lo largo de nuestra vida atravesamos momentos de crisis, puntos de inflexión en los que los patrones que hemos estado poniendo en funcionamiento se agotan, ya no no nos proporcionan bienestar.

A veces las crisis personales vienen dadas por circunstancias vitales difíciles y dolorosas: la pérdida de un ser querido, le enfermedad, el despido del trabajo… a veces no son más que el haber llegado al final de una etapa ya sea externa, como un cambio de trabajo o de lugar de residencia, o más íntimas en las que sentimos que la vida que llevamos y, sobretodo, como la llevamos nos está causando sufrimiento.

Cuando estamos en pareja las fronteras de lo individual, tenga las causas que tenga, se diluyen y la relación se ve afectada. En ocasiones es la propia pareja la que atraviesa dificultades, ya sea por algún hecho ocurrido, por problemas de comunicación o conflictos.

Uno de los problemas que podemos tener en la pareja o en nuestras relaciones es el dar por sentado,  como es el otro, cual va a ser su reacción o qué piensa o siente respecto a algo. Las personas no dejamos de cambiar, aunque los cambios sean sutiles o pasen desapercibidos a causa de la cotidianidad del día a día.

La crisis en la pareja es un momento que afecta directamente sobre uno de sus miembros o a ambos y que requiere algún tipo de ajuste. Es así de sencillo: una crisis es la alarma de que es necesario hacer algún cambio ya que, sin entrar en causas o razones, tal como están las cosas en este momento no aportan bienestar a sus miembros o les hacen sufrir.

Lo más complicado de gestionar cualquier tipo de crisis a menudo es poder tomar distancia y ver lo que está ocurriendo con perspectiva. Pero cualquier camino empieza con un primer paso: si somos capaces de distanciarnos un poco de nuestras propias emociones y creencias y sencillamente aceptar que algo no va bien, se abren ante nosotros todas las posibilidades de mejorar la situación.

Es positivo hacer el ejercicio de no creer que lo sabemos todo sobre la pareja, el otro tiene todo el derecho a no sentirse satisfecho ahora con lo que sí le complacía hace unos años y sus relaciones familiares o sociales han podido cambiar y tal vez representan nuevas exigencias para él o ella.

Invertir esfuerzos en la comunicación es el mejor punto de partida. Dejemos a un lado lo que creemos saber del otro, de cómo se siente o cómo piensa. Hay que buscar el espacio de diálogo dónde podemos ser plenamente nosotros mismos, en el que nos sentimos seguros de que seremos aceptados y queridos aunque podamos estar completamente equivocados o desorientados.

Compartir nuestras creencias y emociones sin pretender tener la razón, solo ofreciendo la realidad de lo que nos pasa y asumiendo nuestra parte de responsabilidad en todo ello.

Escuchar prestando la máxima atención a lo que la pareja nos cuenta de cómo está viviendo este momento de su vida, intentando no sentirnos atacados y empatizar con la visión que nos ofrece.

Una comunicación mejor nos permite contactar con la realidad, tengamos la responsabilidad que tengamos respecto a esta, desde una actitud de aceptación y vulnerabilidad: bajar las defensas nos permite ver que nadie intenta atacarnos.

Poder conectar con la confusión, la angustia o los temores de la pareja nos posibilita abandonar una posición automatizada en el tablero de juego y posicionarnos respecto a la realidad que discurre en este momento.

“No se trata de un proceso intelectual, sino físico y emocional, y tiene lugar cuando sentimos la necesidad de poner en movimiento ciertos sentimientos, de liberarlos, aligerarlos o apaciguarlos. Lo importante aquí es que se trata de un proceso que nos ayuda a acercarnos a la pareja, porque la pareja es también la vida”.
 Joan Garriga, 
del libro: El buen amor en la pareja.

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