Tenemos la alegría de compartir este nuevo escrito de Anna Ribera, una querida pintora a la que admiro y acompaño, con gran satisfacción, por los caminos de su trabajo personal hace varios años.  Mª Laura Fernández

 

De vez en cuando me pregunto para qué hemos venido a esta vida, qué es la conciencia, por qué los seres humanos sentimos en algún momento la necesidad de conectar con algo de carácter espiritual. Ante estas grandes cuestiones siento una inmensa soledad, un gran abismo de preguntas sin respuesta. Por todo ello,  a falta de argumentos coherentes que puedan dar sentido a mi existencia, se me ocurre quizás por pura supervivencia, que estamos en este mundo para aprender.

Un ejercicio de aprendizaje

Aprender qué y para qué… Creo que aprender de todo cuanto se nos plantea a lo largo de nuestra vida: los errores, las emociones, los logros, las dificultades, etc. deberían ser considerados materia de aprendizaje desde que tenemos uso de razón. Equivocarnos para mejorar es la mejor de las apuestas. En este ejercicio de aprendizaje atesoramos autoconocimiento y creamos  herramientas propias que nos ayudan a hacernos un poco más sabios para transitar por la vida. Y sin embargo,  para mí la sabiduría no es la finalidad sino el medio para alcanzar la paz conmigo misma. Muchas veces a este estado del alma le llamamos felicidad, pero para mí es un concepto excesivamente grandilocuente asociado al consumismo.

Este estar bien conmigo misma no siempre es alcanzable como desearía,  sólo a veces consigo vislumbrar esta paz interior, esta especie de reencuentro con el “hogar propio”, como me gusta llamarlo  y que se sustenta básicamente cuando siento que me acepto como soy. Desde este lugar ya no hay peleas ni reproches sino autenticidad y creatividad.

Volver al “hogar propio”

También ocurre a veces  que este bienestar palidece, tal vez porque algo que actuaba como engranaje en el complejo funcionar de la mente, se  dispersa y desaparece misteriosamente. Lo interesante es la conciencia de la pérdida de este “hogar propio” y tener la plena confianza en que tarde o temprano se vuelve a recuperar. Este para mí es el primer paso porque si confío, alimento mis recursos para restablecer el equilibrio interior. Siempre que me es posible intento como táctica crear un diálogo mental conmigo misma, es decir, reconociendo un esfuerzo por pequeño que sea y almacenando lo positivo que hay a mi alrededor. Como si se tratara de una balanza, pretendo compensar con ello todo lo nocivo que fluye por mi vida. Esta es para mí una manera de ver la esencia que nutre la paz interior del “hogar propio”. El conocimiento de uno mismo es quizás lo más importante para poder alcanzar aunque sea de vez en cuando esta paz interior durante el viaje de la vida.

                                                                                                                        Anna Ribera

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