Crecimiento personal

Asumir nuestra responsabilidad es saludable

By 26 octubre, 2015 5 Comments

Los principios fundamentales de la Terapia Gestalt como corriente humanista, se basan en una concepción del ser humano como un sujeto activo, creador en cierto modo sus circunstancias. Todos poseemos las potencialidades y capacidades necesarias para lograr sentirnos a gusto con nosotros mismos. Dicho de otro modo, en cada uno de nosotros se encuentran las herramientas y los materiales para construir de forma activa el propio bienestar interno, aquel que va más allá de las circunstancias que nos toca vivir.

Desde la perspectiva de la Terapia Gestalt no es posible separar nuestra naturaleza creativa y consciente, de nuestra capacidad -y necesidad- de responsabilizarnos.

¿Qué es la responsabilidad?

La responsabilidad hace referencia a aceptar activamente aquello que conforma nuestra persona: sensaciones, emociones, pensamientos y acciones y responder por ello.

Ser responsable implica desactivar el piloto automático y atender a lo que nos ocurre, de que modo se manifiesta en nosotros y como respondemos internamente a lo que ocurre fuera de nosotros.

Tendemos, a causa de una excesiva racionalización de lo que nos acontece, a situar las causas de nuestro malestar en circunstancias externas. No puede negarse que existen multitud de factores que influyen sobre nosotros de los que no tenemos el control. Pero la respuesta que damos a estos factores es nuestra, de nadie más.

Darnos cuenta: la previa a la responsabilidad

 Una de las metas deseables para el desarrollo sano de cualquier persona desde la perspectiva de la Terapia Gestalt, es trabajar para asimilar aquello que proyectamos, llegar a identificarnos con ello y integrarlo como algo propio. ¡Pero primero tendremos que darnos cuenta de que lo hacemos!

Por ejemplo: en el trabajo nos asignan una tarea desagradable y que no nos corresponde desarrollar a nosotros, llegamos agotados a casa y nos molesta la conversación del vecino en el ascensor, discutimos con nuestra pareja y reñimos a nuestros hijos. Acabamos la jornada con enfado, culpa y tristeza. ¿Estamos enfadados con el vecino, con nuestra pareja y nuestro hijos? ¿O hemos proyectado sobre ellos el enfado que traemos del trabajo?

Cuando entrenamos nuestra capacidad de estar alerta de lo que nos ocurre podemos llegar a darnos cuenta del origen y el proceso que siguen nuestros pensamientos, emociones y acciones.

Cuando nos damos cuenta de qué nos ocurre y cómo lo manejamos, sólo entonces, nos podemos responsabilizar de ello.

Responsabilidad no es culpa

El proceso del darse cuenta no consiste solamente en observar aquello que nos ocurre sino el asumir el papel que nosotros hemos jugado en ello: qué emociones nos invaden en determinadas situaciones, qué reacciones automáticas surgen, qué pensamientos se disparan… y asumirlas como parte de la persona que somos.

La culpa aparece con el juicio, es estéril, nos bloquea, nos victimiza y no soluciona nada. Responsabilizarnos no tiene que ver con asumir ninguna culpa, sino con responder por nosotros, por nuestros actos y ser adultos, dando una respuesta que pueda reparar o remediar, si es necesario aquello que es nuestra responsabilidad, que tiene que ver con nosotros.

Por ejemplo puedo sentirme culpable porque he roto el jarrón de mi amiga, pero la culpa no aporta nada, puedo disculparme y lloriquear… y las cosas no cambian mucho. Pero también puedo hablar con mi amiga e intentar reparar el jarrón (con una técnica japonesa que he visto en Internet), o conseguirle otro, o recompensarla con otra cosa que a ella le guste, es decir dar una respuesta asumiendo lo que toca.

Tomar responsabilidad nos abre puertas

Somos conscientes de lo que nos sucede y lo aceptamos como parte de nosotros: si asumimos que somos sujetos activos de nuestra vida con el poder de permitir que nos alcance el malestar, podemos también asumir que en nosotros se encuentra la capacidad de cambiar esa inercia.

Poco a poco nuestra tendencia a reaccionar se va frenando y eso favorece que aumente nuestra capacidad de decisión y de respuesta.

Cuando nos damos cuenta de qué es lo que nos hace sentir mal, y de las reacciones automáticas frente a ese malestar, podemos observar las opciones y escoger las respuestas poniendo en valor las capacidades de las que disponemos como adultos responsables que somos.

Leave a Reply