Terapia familiar

La familia y la escuela

By 30 septiembre, 2012 No Comments
Ventana jovial

Quiero mencionar a Marianne Franke, (profesora durante 25 años, que trabaja aplicando el enfoque de las constelaciones familiares a la enseñanza), cuyo enfoque  aporta una visión integradora entre la familia y la escuela, dos sistemas muy importantes en la vida del niño. Según sus palabras, “todos los niños están integrados en su familia y son leales a ella, se empeñan en unir su hogar con la escuela. Los niños otorgan prioridad absoluta a su familia, a sus reglas y su propia dinámica.

 En el aula es más fácil cuando se les acepta con todo lo que traen consigo. Esto sucede cuando los docentes se abren de corazón a los hogares y les permiten el acceso al aula como una presencia permanente e invisible. En vez de proponerse, al profesor o a la escuela, como algo mejor que su casa, la respetamos”.

Nuestra conciencia siente que nos alejamos de uno de estos grupos a través de nuestra manera de pensar o de hacer diferente. Por ejemplo, un grupo de amigos decide hacer una broma pesada a uno de los profesores, uno de los niños no se siente cómodo con esta idea y decide no hacerlo porque a sus padres, o a él mismo, no les gustaría. El resto del grupo puede mirarlo mal, incluso excluirlo del grupo. Aquí el niño sentirá una buena conciencia hacia sus padres y una mala conciencia hacia sus amigos.

Mariane Franke propone en su escuela, como ejercicio práctico; pedir a los niños de hacer los ejercicios en el colegio, con apoyo de padres o un miembro familiar a su lado. Es decir, que imaginen a su padre ó madre a su lado, el cual le apoya para hacer los deberes o los ejercicios escolares. Se ha comprobado que los resultados mejoraban considerablemente.

El mensaje que de esta manera se manda a los padres, es que ellos son los mejores padres para estos niños y que merecen todo nuestro respeto. Los niños están tranquilos de que se les de éste buen lugar a los padres.  Y los maestros son entonces los puentes entre los hogares y las escuelas.

 

por Esther Luis

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