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Tal y como las conocemos las Navidades son esa instancia del año en la que nos juntamos, tanto con las personas que forman parte de nuestra vida cotidiana como con aquellas que tan solo vemos en las ocasiones especiales. Deseando momentos de unión, risas, rica comida y felicidad. Sin embargo, este año se ha escabullido una invitada que no esperábamos y cambia el clima que hasta ahora nos acompañaba en estas celebraciones especiales: la pandemia. ¿Cómo nos preparamos para vivir una Navidad diferente? A continuación abordaremos cómo gestionar nuestras emociones para lidiar con los parámetros de la nueva normalidad.

Cómo disfrutar las Navidades de la nueva normalidad

blankAnte las medidas de seguridad para reducir el riesgo de contraer el COVID-19, entre las cuales se encuentran el quitarnos las mascarillas solo al momento de comer, reducir el consumo de alcohol al mínimo, elegir un máximo de nueve personas con las cuales compartir este momento tan especial del año y sustituir los abrazos por una mímica extraña denominada “gestos de cariño,” es de esperar que la angustia se instale en nuestras emociones.

La austeridad y las Navidades no es una relación a la que estemos acostumbrados. No obstante, de cada crisis se pueden sacar interesantes oportunidades, así que rescatar lo bueno, incluso lo poco bueno, de entre tanta carga negativa que este conjunto de medidas y emociones nos ha traído, es lo que nos permitirá vivir estas fiestas con cierta alegría.

¿Qué  hacer? En primer lugar, abrir nuestra mente y nuestro corazón, y algo más que te lo detallamos a continuación:

  • Centrarnos en lo que podemos hacer: es natural en el ser humano focalizar la atención en lo negativo, molesto o doloroso. Encontrar las imperfecciones, ver los riesgos y el peligro, son una especialidad de nuestra especie, y somos muy buenos en ello. Fijarnos en lo negativo fue útil a la especie para anticiparnos y hacer algo al respecto y entonces: sobrevivir. Pero a nivel psicológico hasta ahora no habíamos tenido una necesidad tan global que nos llamara al cambio, la pandemia puede ayudarnos a revertir esta situación. Si nos centramos en todo lo que no podemos hacer, que, por cierto, es mucho, difícilmente alcancemos el estado de bienestar que esta época del año deseamos. En cambio, si mostramos agradecimiento por todo lo que sí podemos hacer, el universo de nuestras emociones cambiará sustancialmente.
    Hay familias que están en duelo y estas fechas se hacen muy duras por la pérdida, es necesario ser comprensivo y cuidar los unos de los otros, que también es algo que nos ha enseñado esta crisis. El ser humano es capaz de superar los momentos difíciles, sobretodo si encuentra un sentido para su vida, si se siente acompañado y querido. Una persona querida que está en su proceso de duelo, me ha dicho esta semana que ella este año no podía llamar “Fiestas” a ésta época, le llamaría celebración. Celebrará la Navidad con sus hijos.
    Es verdad que hay otras muchas personas a las que no podremos ver estas Navidades, pero tenemos la posibilidad de hacer una videollamada con cada una de ellas e incluso ponernos creativos (tal vez aprender algo nuevo), hacerles una tarjeta de felicitación creada desde nuestra imaginación. ¿Acaso hay en nuestro armario una Tablet que hemos guardado por meses, postergando una y otra vez aprender a usarla? Este confinamiento, junto con la necesidad de acercarnos a quienes no podemos hacerlo de forma física, es la excusa perfecta para remover el polvo de esa caja y aprender algo nuevo.
  • Sacarnos de encima compromisos sociales indeseados: a menudo lo bueno viene de la mano con algo no tan bueno. Seguramente, al llegar esta época del año, te veías en la obligación de asistir a compromisos sociales y laborales que hubieras preferido poder saltarte, pero que las reglas de la diplomacia te impedían hacerlo. Este año tienes la oportunidad de cumplir esa fantasía y usar el tiempo que ganarás en preparar tu hogar para recibir a ese círculo familiar y de amistades que realmente cautiva tu corazón.
  • Alejarnos de algunas personas: dentro del grupo de personas con las que nos solemos reunir en las Navidades, como en todo grupo humano, tal vez haya personas que no deseamos ver. Llegan a nuestra casa o nos reciben en la suya con una batería de críticas hacia nuestra persona o con un nutrido manojo de quejas. El sabor agridulce de las Navidades no solo queda evidenciado en las habilidades culinarias de las manos más experimentadas de la familia, sino que es una sensación que se queda con nosotros durante semanas después de los comentarios punzantes. Eventualmente, este año no tendrán esa oportunidad, ya que estamos obligados a ser muy selectivos en la elección de compañía.
  • Reforzar nuestra asertividad: reclamar nuestros derechos de forma calmada pero firme, es una habilidad que solemos postergar todo lo posible. Es por ello que son muy pocas las personas privilegiadas capaces de dominarla. De modo que otra de las cuestiones de esta nueva normalidad es que nos veremos impulsados a ponerla en práctica. Habrá personas que nos invitarán a pasar estas festividades con ellas o que intentarán autoinvitarse a las celebraciones. A menos que queramos dedicarle estos preciados momentos, tendremos que decir que no y, eventualmente, a explicarles los motivos.

Durante muchos años nos hemos habituado a dejar que la vorágine impulsada por intereses comerciales nos arrebatara el sentido que pueda tener la Navidad para cada uno. Si bien la pandemia nos ha cambiado el estilo de vida en el que nos sentíamos cómodos (tal vez demasiado), también trae la oportunidad de volver a construir de cero aquello que se había desvirtuado por haberse visto separado de su propósito inicial. Podemos aprovechar las limitaciones de este momento tan especial del mundo para redescubrir lo que de verdad importa y para honrar el sentido que tenga para ti este momento del año.

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