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Irnos de vacaciones en familia o en pareja parece ser el sueño más esperado durante todo el año. Sin embargo, es posible que con el transcurso de los días lo que comenzó siendo una ilusión, termine en decepción. ¿Por qué nos cuesta tanto convivir con los que más amamos en un contexto de distensión lleno de lúdicos momentos? Una de las respuesta se encuentra en la necesidad que como seres humanos tenemos llevar tener las cosas bajo control.

Pautas para llevarnos bien durante las vacaciones

Las vacaciones de verano son un lapso de tiempo en el que la vida familiar se intensifica. Mientras que durante el año cada miembro de la familia tiene sus actividades, en las dos semanas que destinamos a descansar, la convivencia se reduce a un espacio más pequeño y la falta de obligaciones podría llegara a volverse un arma de doble filo.

¿Cuáles son, entonces, los lineamientos hacia una convivencia armónica durante las vacaciones de verano? Para que las vacaciones transcurran de forma equilibrada y no se deteriore el vínculo que nos une, estas son las recomendaciones a seguir:

  • Planificación y acuerdos: se trata llegar a un acuerdo para pautar qué actividades tendrán los miembros de la familia en común. Si por actividades entendemos también a un almuerzo o a una cena, es muy probable que no encontremos resistencia por parte de los adolescentes de la familia. En cambio, si damos por sentado que tendremos las cuatro comidas todos juntos y que, además, esperamos que todos tengamos más instancias en común, tales como juegos y paseos, es posible que saturemos a alguien.
    Parte de la planificación implica conocer y aceptar al otro. En el caso de la pareja, es más sencillo saber cuáles son sus límites para así respetarlos. En cambio, cuando nuestros hijos entran en la adolescencia, damos por sentado que continúan teniendo las mismas preferencias y costumbres que cuando eran unos niños, lo cual puede derivar en conflicto durante las vacaciones.
    Para evitar este tipo de situaciones, recomendamos observar y practicar la escucha activa con nuestros hijos antes de partir rumbo al paraíso.
  • Horarios y pautas con los niños: las vacaciones nos permiten un estilo de vida más distendido y suelto. Sin embargo, la anarquía y el descontrol no son buenos amigos de las relaciones familiares. Es una buena idea marcar un horario para que los niños se vayan a dormir, así como también el seguimiento de las costumbres que nada tienen que ver con las vacaciones, tales como cepillarse los dientes después de cada comida, las duchas, etc.
  • Libertad controlada: salir de vacaciones es algo que asociamos con la libertad, y esto es algo que experimentamos tanto los adultos como los niños. Por tal razón, es muy positivo soltar un poco el control al que nos ceñimos durante todo el año. No obstante, es conveniente que siempre existan normas a respetar, ya que de eso se trata precisamente la convivencia: de no afectar al otro por ejercer nuestros derechos o por sucumbir al descontrol.
  • Respeto del espacio del otro: cada miembro de la familia tiene sus propios intereses y necesita de su espacio. Para que la convivencia sea pacífica, es necesario respetar a cada uno de los integrantes de la familia con respecto a su espacio personal y a su derecho de declinar una invitación que le hagamos. No ejercer presión y mantener un ánimo amigable será crucial para regresar a casa con la relación intacta o, mejor aún, más cercana que antes de partir.

Las vacaciones son una invitación a lo impredecible

Nuestra necesidad como seres humanos es tener el control de la situación. Sin embargo, irnos de vacaciones implica permitirnos un respiro al respecto. El tiempo que pasamos en familia debe servirnos para conocernos mejor y, en consecuencia, respetarnos más.

blankEs una muy buena idea planificar actividades en conjunto, pero siempre debemos dejar un lugar para lo impredecible, para un cambio de planes y para la espontaneidad. La propuesta es movernos del lugar que hemos venido ocupando durante todos los meses que precedieron a las vacaciones, y forzarnos a nosotros mismos a no sentirnos desilusionados si nuestros hijos prefieren pasar más tiempo con sus móviles comunicándose con sus amigos o disfrutando del tiempo con nuevas amistades del lugar, en vez de con nosotros.
En lo referente a la pareja, desde la perspectiva psicológica se recomienda que los novios o el matrimonio se tome unos días de vacaciones por separado. Si bien esto no aplica a todos los casos, es conveniente tenerlo en cuenta para no sobrecargarnos de expectativas acerca de que nuestra pareja debería querer pasar todo el tiempo a nuestro lado. Necesitar de un espacio con uno mismo no es una demostración de desamor, sino una señal de que necesitamos reconectarnos con nosotros mismos para afianzar nuestros vínculos afectivos.
En resumen, reducir nuestras expectativas y aumentar nuestro margen de tolerancia, son la base de la receta perfecta para unas vacaciones ideales.

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