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Hablar de los temas que nos importan o nos preocupan nos aporta muchos beneficios: aumenta nuestra motivación, nos ayuda a reflexionar, sentirnos más liger@s, valorar y ordenar nuestras ideas, conocernos y tomar consciencia de lo que queremos y necesitamos, para así avanzar en la dirección que queremos.
Además nos proporciona tranquilidad, sobretodo en momentos de estrés o ansiedad, ya que al hablar le damos volumen a esos pensamientos que dan vueltas en nuestra cabeza, y eso nos permite organizarlos y encontrar nuevas posibilidades.

blankHablar con alguien que sepa escuchar y tenga la intención de brindarnos su comprensión y apoyo, disminuye nuestra sensación de soledad ante lo que nos está pasando, al compartirlo nos sentimos acompañad@s por otra persona. “Necesito hablar de mí”, tal vez no te lo has planteado de esta manera, pero te identificas con la frase. Es posible que tengas la suerte de contar con amig@s y te sientas a gusto compartiendo con ell@s. No obstante, es importante cuidar estas amistades intentando no cargar con nuestras preocupaciones cuando vemos que muy a menudo necesitamos de su atención, ya que cada un@ tiene lo suyo.

Cuando notamos que la intensidad de lo que nos pasa es grande y la necesidad de hablar de lo nuestro es recurrente, podemos plantearnos otras opciones, como escribir, grabarnos en audio y escucharnos, dialogar con nosotr@s mism@s, separando las diferentes partes internas y escuchando todo lo que nos pasa, aunque sea contradictorio, y también podemos pensar en recurrir a otro tipo de acompañamiento, por ejemplo, hacer terapia. Ya sea en forma presencial u online supone un alivio reflexionar, contactar con las emociones y aprender de ello, sin
juicio. Un terapeuta ha recorrido su camino personal y puede aportarte sus conocimientos, su experiencia y su comprensión, y ayudarte a lograr un autoapoyo saludable.

¿Qué terapia elegir?

Desde la Terapia Gestalt, lo fundamental es dejarte ser y estar tal y como te sientes en ese momento, porque sólo desde donde estás podrás avanzar. A tu ritmo, sin imponerte objetivos imperiosos, ni cargarte de tareas.
Se suele decir que cada terapeuta trabaja con la terapia que mejor se adapta a sí mism@, y pensamos que cada persona también elige la terapia que mejor se adapta a lo que necesita. Puedes leer artículos, informarte y buscar opiniones de otras personas que han pasado por la experiencia de hacer Terapia Gestalt, aunque lo que te dará más claridad es tu propia vivencia, conocer al terapeuta, ya sea en forma presencial u online, es lo que te ayudará a saber si estás en un lugar adecuado para ti.

La primera visita

Cuando llegas a la primera visita ya has dado muchos pasos, la terapia es algo sumamente personal y el feeling es muy importante, es necesario sentirse a gusto con el otro. En algunos centros la primera visita es gratuita para conocer al terapeuta y luego decidir si quieres hacer o no terapia. Algunas personas antes de acudir a la primera visita ya tienen esa sensación de conexión. Una mujer de 46 años después de mirar los profesionales de la web, nos dice por Whatsapp:

“Hola…! Me gustaría contactar con… (nombre de una terapeuta) ha sido un flechazo”. Es posible que tengas un flechazo, antes de acudir a la primera visita o en el momento en que estás con la persona, sea como sea esta conexión es fundamental pues el espacio de la terapia será un lugar en donde puedas darte el permiso de dejarte caer, en donde sientas la confianza necesaria para poder compartir todo aquello que te duele, que te preocupa y que necesitas cambiar o aceptar en tu vida para conseguir mayor bienestar.

Empezamos terapia

Comenzar terapia es como abrir puertas y ventanas para que se ventilen habitaciones internas, se renueve el aire viciado y pueda entrar un aire nuevo. A menudo nos ayuda aprender a respirar ese nuevo aire en forma pausada, amable y consciente.
Para las terapias humanistas, como la Terapia Gestalt, la fuente de todo saber es el ser humano, lo importante no son las teorías (ni siquiera la teoría humanista), lo importante eres tú, cómo te relacionas con lo que te está pasando, cómo lo vives, qué quieres. Tu eres el protagonista y esa es una buena forma de aprender y ganar confianza en ti mism@.

Fin del proceso terapéutico

Muchas veces se habla de empezar terapia, pero pocas veces se habla del fin del proceso. Algunas personas prefieren no darle un final a la terapia y dejar la puerta abierta por si en algún momento necesitan algo puntual y de esta manera pueden contar con alguien de confianza sin necesidad de empezar de nuevo un proceso terapéutico, simplemente acuden cuando lo necesiten. Otra opción es cerrar el proceso terapéutico cuando se haya logrado el autoapoyo, la confianza y la fuerza para afrontar aquello que la vida nos presenta. En algunas ocasiones, las personas
que acuden a terapia, dicen: “solo necesitaba un pequeño empujón” y, cuando lo tienen, cierran el proceso. En un buen cierre, tanto la persona que asiste como el o la terapeuta, tienen la grata sensación de haber llegado a un buen puerto y pueden despedirse con agradecimiento mutuo, porque el terapeuta también crece y aprende con cada persona.

Esperamos que este post haya sido útil para ti. Si te estás planteando hacer terapia, podemos ayudarte, será un gusto conectar contigo en forma online o en nuestro despacho en Barcelona.

Nos despedimos con el Poema Ítaca de Kavafis

ITACA

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.

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