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El apego es una bomba de tiempo para nuestro sistema emocional. Aferrarnos a las personas y a las cosas puede transformarse en una patología que cambia radicalmente la forma en la que nos vemos a nosotros mismos y en la que interpretamos el rol que cumplen las personas que forman parte de nuestro universo afectivo.
Si no aprendemos a identificarlo y nos es imposible desactivarlo, sufriremos serias y peligrosas consecuencias si es que este avanza hacia una dependencia emocional.

Consecuencias del apego en nuestras relaciones afectivas

El apego mal entendido arroja consecuencias fatales sobre nuestras relaciones afectivas y sobre nuestra propia persona:

  • Rechazo del vínculo cercano
  • Pánico al abandono
  • Ver al otro de forma distorsionada (como nuestro agresor, como alguien malintencionado o como el culpable de nuestro sufrimiento)
  • Inseguridad
  • Manifestación de protestas mediante gritos, agresiones, llantos y súplicas
  • Intolerancia a la frustración
  • Elección de experiencias peligrosas
  • Ansiedad
  • Baja autoestima
  • Exigencias desproporcionadas a la otra persona

Tipos de apegos nocivos

  • Apego ansioso-ambivalente: cuando un niño no logra confiar plenamente en los padres o cuidadores, se generan en el interior sentimientos encontrados. Una vez que llega a la etapa adulta, se desarrolla el miedo a no ser amados por la pareja o no poder cumplir con las expectativas del otro.
  • Apego desorganizado: se da cuando los padres o cuidadores manifiestan conductas negligentes hacia el pequeño. Cuando este niño crece, suele tener mucha frustración e ira para manifestarle al mundo. La forma más habitual de manifestar esto es boicoteándose sus propias relaciones, las cuales desean y necesitan, pero arruinan adrede sin poderlo evitar.
  • Apego evitativo: cuando el cuidador falla en garantizarle seguridad y contención al niño, este último entiende que no puede contar con él, así que su respuesta es volverse maduro e independiente de forma precoz. Como es de esperar, sus niveles de ansiedad son elevadísimos y al crecer rechazan las relaciones profundas y con un alto grado de intimidad.

¿Todos los apegos son nocivos?

blankNo. En su justa medida el apego es muy beneficioso en las relaciones amorosas. Para que sea sano, debemos generar el apego seguro.
El apego seguro es un vínculo sano y necesario que se gesta en la infancia y que determina una relación serena y segura del niño con sus padres o con sus cuidadores.
Para generarlo, las personas a cargo del niño deben ser empáticas y tienen que fomentar en el pequeño la experimentación y la manifestación de las emociones.

 

 

 

Sabemos que hemos desarrollado un apego seguro y sano cuando el niño a nuestro cuidado se comporta de la siguiente manera:

  • Enfoca sus acciones a mantenerse cerca, tanto física como emocionalmente, de nosotros.
  • Explora con seguridad cuando nos tiene a su lado.
  • Al separarse de nosotros, experimenta ansiedad y busca volver a tener nuestro contacto.

Cómo fomentar el apego seguro

Lo vivido durante nuestra infancia nos marca, pero cada persona puede hacer de este obstáculo una gran oportunidad para trascender y crecer. Cuando transitamos nuestros primeros años de forma inadecuada por la razón que sea, es probable que necesitemos un largo tratamiento psicológico, ya que, en primer lugar, deberemos identificar nuestro problema, lo que no es nada sencillo y, en segunda instancia, tendremos que poner mucho de nosotros para tomar del terapeuta las herramientas correctas de sanación.
Al final del camino, habremos logrado una vida sana y plena, pero es inevitable perder vínculos en el trayecto, vínculos que repiten esos patrones de apego que no nos hacen bien. Es decir, habremos contactado con el dolor, para sanarnos y establecer buenos vínculos.
Una de las formas en las que podemos evitar que nuestro hijo tenga relaciones disfuncionales en su vida adulta, es fomentar el apego seguro.

¿Cómo lo podemos hacer? Siguiendo estos pasos:

  1. Define la figura de apego: el niño puede tener diferentes figuras de apego, una de ellas será la referente.
  2. Conéctate emocionalmente con sus necesidades: aprende a decodificar lo que tu hijo necesita desde la propia cuna. Observa sus gestos y su lenguaje corporal. De esta forma, podrás dar respuesta a la mayor brevedad posible a sus necesidades. En esto se basa el entendimiento y la comprensión de tu hijo.
  3. Pasa tiempo de calidad con tu hijo: la redes neuronales afectivas de tu hijo comienzan a desarrollarse desde que es un bebé. Pasar tiempo a su lado para repetir las experiencias de apego seguro, harán que sus redes se desarrollen de forma sana.
  4. Acepta a tu hijo: es innegable que todos tenemos sueños y “planes” para nuestros hijos, porque buscamos lo mejor para ellos. No obstante, debemos partir de la base de que aceptar a nuestro hijo tal cual es va a ser siempre lo mejor que podemos hacer por él. Esto no quiere decir que no debas ayudarlo a superarse, pero no intentar modificar sus preferencias, elecciones, tiempos y forma de ser, es el mejor regalo que siempre podrás hacerle.

Beneficios del apego seguro en las relaciones de la vida adulta

  • Relaciones fluidas
  • Discusiones más amigables
  • Vínculos más duraderos
  • Mayor grado de intimidad

La forma de relacionarnos en la vida adulta depende de forma directa de cómo han sido los apegos durante nuestra infancia. Si nuestros padres trabajaron para lograr un apego seguro y lo lograron, o bien nosotros mismos logramos superar las formas deficientes de apego de nuestra infancia, en esos casos nuestras relaciones amorosas serán más sanas, más distendidas, con discusiones (sí, es imposible evitarlas) basadas en el respeto y en la asertividad y, dato nada menor, mucho más duraderas.

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