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Superar una ruptura afectiva

By 5 noviembre, 2014 No Comments
Seguir adelante tras una ruptura afectiva

Estar en pareja es uno de los proyectos más importantes en la vida de una persona y también uno de los más complejos. Que éste proyecto termine y en las condiciones que lo haga, puede afectarnos profundamente y durante largo tiempo.

Una ruptura no es nunca sencilla, aunque que ésta se plantee de mutuo acuerdo. Significa romper un fuerte lazo con otra persona, pero también romper otros lazos establecidos a lo largo del tiempo con personas del entorno de nuestra pareja, con roles, con hábitos, con determinadas rutinas…

 

La ruptura: la pérdida y el duelo

Una ruptura es una pérdida y necesita de un proceso de duelo. Nuestras circunstancias personales determinaran cómo será cada una de éstas fases, más difícil, más llevadera, más larga… El proceso de duelo nos impone unas etapas determinadas que debemos superar para aceptar lo ocurrido.

Generar resistencias sólo nos traerá más sufrimiento, aceptar el camino en cambio nos llevará a superar la dificultad en la que nos encontramos. Si somos conscientes de que la tristeza o la rabia pueden apoderarse de nosotros en algún momento, nos será más fácil identificar su origen y tratar ésos momentos como lo que son, la manifestación interna de nuestro dolor por la pérdida.

Y en nuestro interior puede que las cosas no sucedan con la celeridad que suceden en el exterior: dejar de vivir juntos, divorcio… debemos respetar nuestro ritmo interno, hacerle espacio a lo que ocurre y escuchar atentamente, para permitir que se desarrolle el proceso de aceptación de la pérdida.

Una última mirada atrás

Expresar lo que nos ha ocurrido, cómo lo hemos vivido, cómo nos ha hecho sentir, qué nos ha hecho pensar, cómo nos ha afectado físicamente… es como poner en orden un expediente, para poder cerrarlo. Y cerrarlo es comprenderlo, comprender al otro y a nosotros mismos, y entender la responsabilidad -que no culpa, la culpa está vacía- que ambos hemos tenido en todo lo acontecido.

Poder hacer éste ejercicio con la otra persona sería lo ideal, pero a veces es complicado, aunque compartirlo con un terapeuta o ponerlo por escrito puede ayudarnos igualmente a poner en orden nuestros recuerdos y sensaciones, para permitirles que pasen a un segundo plano.

 

Desenpolvar la autoestima

Puede que la dificultad para superar la ruptura sea que nuestra inmersión en un espacio común fuera demasiado lejos… de nosotros mismos. Puede que se nos haya olvidado nuestra importancia como ser individual, que nos hayamos acostumbrado a darnos el valor que nos daba el otro.

Parte del proceso de superación de la ruptura puede que sea justamente recuperar el amor y el respeto por nosotros mismos, recordando que tenemos nuestro propio valor como personas independientemente de a quién estemos ligados en un momento concreto.

Y aunque nuestra autoestima se haya mantenido fuerte durante la relación, la ruptura es un golpe. Aceptar que ya no nos aman, no del modo que nosotros queremos, o que ya no desean estar con nosotros, hace inevitable la aparición de miedos y culpa.

Si no olvidamos el valor que tenemos por nosotros mismos, el miedo y la culpa se relativizan, no llegan a paralizarnos y seguimos avanzando.

 

Responsabilidad

La actitud más accesible es la de culpar al otro de todo, pero también es la que va a aportarnos más sufrimiento. Pero nuestra responsabilidad está en todo lo que vivimos.

Si nuestra pareja nos ha herido, si al final de la relación hemos llegado a la conclusión de que era una persona dañina para nosotros, es sano preguntarse por qué nos atrajo y por qué la atrajimos. Si nos responsabilizamos sin culpa, descubriremos los mecanismos que en nuestro interior nos situaron al lado de ésta persona: inseguridad, miedo a estar solo, dependencia… si conseguimos hacernos consciente de ello, sin juicio ni culpa, aceptándolo, podremos avanzar tomando de forma natural un camino distinto.

 

Amor al fin y al cabo

Llega el momento de darse cuenta de todo lo que una relación nos ha aportado y de poner en valor lo que hemos recibido de ésa persona y de esa relación, directa o indirectamente.

Si la ruptura es una herida que debe sanarse poco a poco, el agradecimiento borra la cicatriz.

Poder dar este paso toma una relevancia especial cuando nos separamos como pareja pero seguimos unidos como padres para seguir atendiendo a nuestros hijos, un vínculo que nunca va a desaparecer, pero que tendremos que redefinir y adaptar a las nuevas circunstancias.

Aceptar la ruptura es soltar, es liberarnos del otro y liberar al otro de nosotros, sólo entonces somos capaces de mirar lo vivido con agradecimiento, de identificar todo lo ganado y dejar al dolor que pase, dejando tras de sí consciencia, responsabilidad, reconocimiento y gratitud.

Estamos dispuestos a ayudaros tanto en Terapia Gestalt individual o en Terapia de Pareja, desde nuestro equipo de Psicólogos en Barcelona..

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