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El temor a escucharnos

By 20 junio, 2014 2 Comments

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Algo que como terapeutas debemos recordarnos constantemente es el increíble esfuerzo que significa para algunas personas acudir a la consulta psicológica.

Desde nuestra vivencia diaria de la terapia y de sus resultados, desde la pasión con la que vivimos ésta profesión y vocación, transitamos con total naturalidad el espacio terapéutico. Es básico recordarnos día tras día, y casi hora tras hora, que para muchas personas dar el primer paso es difícil y, hay tantas dificultades y combinaciones de ellas, como personas mismas.

Hay quién siente que acudir en busca de ayuda es declarar un fracaso.

Quién no ve la manera en que hablar con un desconocido pueda ayudarle.

Quién cree que hay que estar al borde de un precipicio emocional para hacerlo.

Quién tuvo una mala experiencia y la retuvo…

Todas y cada una de las razones existentes son válidas, son las que son. De algún lugar vienen, por algo nos aferramos a ellas. Puede que en cierto modo nos hagan sentir un poco mejor: si no hago terapia es que soy fuerte, tengo mis propios recursos para superar los problemas, ya tengo quién escuche mis problemas, fui una vez y fue frustrante…

Es cierto que reconocer que se necesita ayuda es una muestra de vulnerabilidad, tan cierto como que no existe la invulnerabilidad más que en los mitos y los cómics. Pero bajo todas éstas razones subyace una casi omnipresente: la inquietud más que por lo vamos a oír del terapeuta, por lo que vamos a oír de nosotros mismos. Tememos establecer una línea de diálogo distinta con nuestro interior, tomar una perspectiva diferente para observar lo que hacemos y como lo hacemos, porque sabemos que vamos a descubrir que, sea lo que sea la causa principal de nuestro dolor, hay una parte que es nuestra responsabilidad. A veces somos los propios causantes, a veces simplemente no estamos haciendo nada por dejar sufrir. Y es más fácil mirar hacia otra dirección en lugar de situarnos frente a un espejo grande, de aumento y que ofrece una imagen nítida de nuestros procesos internos. Buscar ayuda implica asumir la parte de responsabilidad que tenemos en nuestro padecer. Y ése es ya un paso tan importante como difícil de dar.

El momento en que nos planteamos o nos aconsejan asistir a terapia, es en el que precisamente estamos centrados en lo negativo, en la tristeza, en el miedo… y nos es difícil ir más allá, a la solución. Necesitamos iniciar una nueva conversación con nuestros puntos frágiles pero también con nuestras fortalezas.

Y es justo aquí donde el terapeuta puede intervenir. Usamos a menudo la palabra acompañamiento cuando nos referimos al papel del psicólogo, porque se trata de algo que sucede a un nivel tan interno, profundo e inaccesible que no puede ser otra nuestra función.

No hay que temernos, no hay que temer el dolor sino que no termine el sufrimiento. No podemos decepcionarnos cuando luchamos, cuando nos esforzamos por pasar al siguiente nivel, por sacar lo mejor, por superar la dificultad. No hay manera de que trabajar por ser y estar mejor, nos haga sentir peor. Y el psicólogo va estar ahí, atento a lo que se dice y a lo que no se dice y al cómo se dice, para que lo que surja lo haga para sumar, para ampliar, para avanzar. Pero van a ser nuestros pasos, tienen que serlo.

El terapeuta no sabe de antemano, no juzga, no cree, ni refuta: escucha. Lo que lo que nosotros mismos tenemos que decirnos, propone nuevos canales, otros dialectos, distintas preguntas, para que construyamos una nueva brújula personal que nos oriente en el camino que sólo nosotros podemos decidir tomar.

 

2 Comments

  • isabel montero dice:

    Precioso articulo, bellas palabras, que ayudan a calmar la angustia…!!!

    No siempre es facil saber pedir ayuda, a veces esperamos hasta el ultimo momento y el sufrimiento ya es muy grande

    gracias por vuestros conocimientos y por compartirlos, me gustan vuestros articulos, no los dejéis de publicar

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