Crecimiento personal

Autoestima y salud emocional

By 24 octubre, 2012 One Comment
Rosas blancas para aportar sosiego

Cuando algo me duele pienso en la salud… En lo bueno que sería no sentirme mal, tener fuerzas y ganas de mirar la vida sin dolor, sin malestar. Me digo: si no tuviera este dolor, disfrutaría de este día; si no tuviera este dolor: amaría, reiría, bailaría, saldría a caminar sin preocuparme de nada, me acercaría a las personas que quiero, me sentaría a leer un buen libro… Otras veces cuando nada me duele, me doy cuenta que tampoco me permito hacer lo que deseo, y pienso que las preocupaciones de la vida cotidiana, el trabajo, la familia, el estrés, me impiden ese bienestar, esos pequeños y grandes placeres… Y así pasan los días y pienso en que las cosas cambiaran, y cada tanto me esfuerzo en conseguir un cambio, me impongo deberes: me ocuparé más de mí, descansaré mejor, haré ejercicios, llamaré a mis amigos… Me obligo a cambiar, “debo” cambiar. Pero una y otra vez veo que las cosas no funcionan así… Cambiar no es controlar, no es ordenar, cuando me lleno de “deberías”, la paradoja es que el cambio no se produce, y lo único que se perjudica es mi autoestima (por no poder cumplir con todo). Consigo así una lucha interna entro lo que me he obligado a hacer y lo que no he hecho, que me agota aún más. Y es verdad que las cosas pueden cambiar, como cambia todo lo vivo… Pero la transformación profunda no es por el camino de la obligación y los deberes.

Si quiero ir, por ejemplo, a “Florencia”, primero tengo que saber donde estoy… para ir hacia un lugar, primero tenemos que saber de dónde partimos… Conocer, tomar conciencia de lo que en verdad me está ocurriendo, contactar con mis deseos y necesidades, hacerme presente en mi vida, ayudará a mi autoestima y mi salud emocional. Si atiendo a lo que me pasa, a lo que siento en el aquí y ahora de mi vida, sin miedo, ni prejuicios, sin valoraciones internas, ni externas, si acepto mis vivencias y escucho mis propias necesidades, podré acercarme a quién realmente soy, comprenderme y así ayudarme a mí mismo, más que juzgarme.

Y ese es el paso fundamental hacia lo que entendemos por autoestima y salud afectiva, una forma de estar en contacto auténtico y amoroso conmigo y los demás. Un modo de permitir que los cambios se sucedan en forma natural, una forma reconciliarme con cada momento de la vida y conmigo mismo, para seguir adelante, hacía “Florencia”, pero con alegría, tranquilidad, paciencia y confianza en  mí mismo. En ese camino el terapeuta gestalt,  puede ser un guía o compañero de viaje. La Terapia Gestalt, es muy utilizada por los psicólogos ya que no se limita a personas con problemáticas graves sino que es apta para todos, en cualquier momento del camino de la vida, y las herramientas que nos brinda, favorecen una trasformación verdadera y duradera en la persona.

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