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No cambiaría mis 66 años por ninguna otra edad

By 30 noviembre, 2015 4 Comments

Obra en acrílico de Anna Ribera

Hoy compartimos con alegría este escrito y una foto de la obra de Anna Ribera, una querida pintora a la que admiro y acompaño, con gran satisfacción por los caminos de su trabajo individual hace varios años.  Mª Laura Fernández

No cambiaría mis 66 años por ninguna otra edad

Era un encuentro familiar y justo cuando terminábamos de comer, alguien que se sentaba a mi lado se levantó de la mesa en busca de algo. Al poco rato volvió al comedor con un viejo álbum de fotos. Casi al instante un ajetreo de sillas formó una entrañable piña a su entorno y empezamos a mirarlas con un punto de añoranza y ternura.

Estábamos todos allí desde la infancia, la adolescencia y la juventud en diferentes encuentros de nuestra vida. A medida que pasábamos fotos surgían comentarios y expresiones de todas clases, hasta que me dio por observar lo bonita que era yo en mi juventud y sin embargo, ¡qué poco me lo creía!..

Seguíamos mirando fotos al tiempo que surgían inevitables exclamaciones como: “juventud divino tesoro”, “al perro viejo todo son pulgas”, “no se puede ser viejo”, etc. Hasta que al final alguien sugirió si nos gustaría volver a los veinte años si pudiéramos. Parecía que más de uno habría vendido su alma al diablo para volver a ser joven.

Pero de repente como en un ejercicio de regresión se me apareció aquella joven que fui, desbordada por la timidez, con el ansia de construir una personalidad con aquello que me gustaba de los demás, como quien une las piezas de un puzle. No buscaba nada en mí porque ni siquiera podía mirarme de un modo amable y pausado como me permito hacer ahora.Veo aquella joven que fui instalada en la estética de la melancolía y en el arrebato como refugio neurótico de mi baja autoestima. No puedo recordar sin esbozar una sonrisa indulgente, cuando evoco el “ser especial” que me creía ser… Y todo ello a pesar del tiempo que tenía siempre a mi favor.

Sí, aquella joven que fui era bella y siento por ella una gran ternura y compasión, pero ahora, que voy de camino a la vejez, tengo muy claro que no desearía volver a mi juventud. Amo  mi momento presente, mi espacio y todo lo que espero de la vida: su luz y su sombra, aunque el tiempo ya no juegue a mi favor.

Este tema me lleva a reflexionar sobre el presente y con agradecimiento y franqueza puedo decir que nunca había estado tan bien conmigo como ahora que, en la medida de lo posible,  siento llevar  el timón de mi vida. Esto que tal vez pueda parecer una obviedad a mi edad (“El tiempo, este gran escultor” M.Yourcenar), ha florecido gracias a un paciente trabajo personal. Un trabajo que hace que “me vea”, es decir, adquiriendo poco a poco una conciencia de todo lo que integra mi personalidad.  Para concluir sobre el timón de mi vida,  me gusta recordar que cuando empecé a reconocer y aceptar mis errores como MÍOS o mis bondades como MÍAS, esta clase de íntima responsabilidad me hizo sentir mucho más libre.

Anna Ribera

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