Terapia familiar

La Navidad, los encuentros familiares y las ganas de huir…

By 16 diciembre, 2019 No Comments

Se acerca la noche más entrañable del año, la Nochebuena, y para muchos comienza la disyuntiva acerca de si pasarla en paz o en familia. En nuestro despacho de psicólogos en Barcelona vemos que no son pocos los que secretamente le escribieron a Santa pidiéndole el regalo de no tener que acudir a la reunión familiar. Pero ¿es realmente blanco o negro? ¿Será realmente que solo tenemos las opciones de ser felices esa noche o juntarnos con nuestra familia? Repasemos un poco acerca de lo que nos lleva a sentir esas inconfundibles ganas de no vernos y cómo podemos revertirlas.

Ya te hemos hablado en otras ocasiones sobre como nos afectan las fiestas más familiares del año:

¿Cómo afecta la Navidad nuestra personalidad?

Nuestra personalidad es ese esquivo ser que tiene vida propia y que nos domina mucho más de lo que podemos llegar a creer. Vamos por el mundo orgullosos de nuestra autonomía y libertad, y de vez en cuando no nos percatamos de que en nuestra mente se esconden miedos que regulan nuestro accionar. Y esto es precisamente lo que nos ocurre en Navidad cuando se nos presenta la oportunidad de estar en familia. ¿Qué es lo que nos ocurre a nivel subconsciente?:

  • Miedo a sentirnos vulnerados: en toda familia hay diversos roles. Si bien hoy nos hemos ganados una posición producto de la edad, de haber formado una familia y de trabajar por nuestra cuenta, un día estuvimos sin esa autonomía. Ahora tememos encontrarnos con un sentimiento de inferioridad.
  • Miedo a que salten viejos rencores: tememos que la hostilidad se haga presente en nuestros corazones y que dejemos salir viejas cuestiones, que en vez de comunicarnos con herramientas útiles, usemos la ira para expresarnos.
  • Miedo a que salga a la luz lo peor de nosotros: hemos trabajado mucho por ser mejores personas, por lo que ahora no queremos que esa parte, que logramos superar vuelva a aflorar.

Como hemos podido ver, nuestro temor no está depositado los miembros de nuestra familia, sino en nosotros. Tenemos miedo de perder, de reaccionar mal y de experimentar sentimientos negativos. Todo esto ocurre a un nivel a veces tan escondido, que lo más lógico es culpar a esos familiares que nada tienen que ver con nuestra psiquis.

La pregunta ahora es: ¿Es posible evitar todo esto y convivir en paz por seis horas? La respuesta es simple: por supuesto.

Cómo gestionar nuestro interior para recibir a Santa Claus en familia

  • Somos dueños de lo que sentimos: ningún familiar, ni ninguna otra persona en el mundo, es responsable de lo que sentimos. Pueden decirnos y hacernos lo que se les ocurra, pero solo nosotros tenemos la capacidad de filtrarlo y convertirlo en lo que queramos. No estamos a merced de las emociones, pero muchas veces usamos éstas como una escusa para dejar salir lo que no sabemos comunicar de otra manera más saludable.
  • Nadie nos quita lo que no sea externo: si temes perder tu estatus o los estribos, piensa en la verdad que existe: pueden quitarte un bolso, un manojo de billetes y la porción de pastel que te correspondía, pero no pueden quitarte tu entereza. Afortunadamente, eres dueño de tus virtudes, y de tus defectos, así podrás mantenerlas contigo todo el tiempo que consideres apropiado.
  • ¿Y si nos ponemos en el lugar del otro?: por último, te dejamos un ejercicio. Cierra los ojos y conviértete en un ser inmaterial; ve muy despacito hacia ese familiar al que tanta aversión le tienes; entra despacito en su cuerpo hasta que tus pies estén bien calzados en los suyos y mírate. Mírate a ti desde su perspectiva. ¿Cómo ha sido lidiar contigo durante todos estos años? Cuidado: puedes llevarte un shock inesperado. No te quedes mucho tiempo, que hay preparativos por hacer.

Cómo prepararnos para unas fiestas con el clásico amor y paz

  1. Toma las decisiones con tiempo: el momento para decidir qué hacer en Nochebuena es ahora, no el veintitrés de diciembre. Nuestra psiquis, y la de la familia que hemos formado, necesita reacomodarse por dentro para hacer el famoso cambio de chip del que tanto hablamos.
  2. Habla con tu familia: conversa con tu pareja y con tus hijos acerca de la futura reunión. Recuérdales las diferentes personalidades de quienes formaran parte de una noche que queremos sea especial, por razones positivas.
  3. Ofrécete a ayudar: esta estrategia es ideal para sellar la boca de esas tías que te critican por ser una mujer moderna que compra en la rotisería o ese esposo que se pasa delante del computador mirando los partidos de las ligas y dejando que su esposa se encargue de todo. Mándalas a callar con una sonrisa radiante y con un postre (hecho en su propia cocina y delante de sus incrédulos ojos) de esos que nunca se olvidan.
  4. Reúnete unos días antes: del mismo modo que entras al mar pasito a pasito para que el shock del frío no te paralice, haz las visitas que puedas antes del gran día. Es algo así como romper el hielo que se va formando durante el año.
  5. No provoques: tú sabes muy bien qué clase de comentarios hacen salir humo de las cabezas de tus familiares. ¿Qué hacer? Sencillo: evitarlos.
  6. Un poquito de paciencia: todos hacemos la vista gorda ante esas cosas que sabemos que no podemos cambiar. Recurre a este método cuando te enfrentes con la abuela-sargento, la madre implacable y el tío holgazán.

No se trata de buscar el reconocimiento de los demás, sino de poder colaborar con el buen clima, sin esperar nada a cambio. Nadie esta en éste mundo para satisfacer tus expectativas, ni tu estás para satisfacer la de los otros. Es suficiente con hacernos cargo de nuestra tarea con las relaciones interpersonales, cooperar sin inmiscuirnos en la vida de otros, sin competir. No perdamos el tiempo en poner la atención en la forma en la que actúan los otros, eso es asunto de cada uno. Cada cual vive su vida como quiere y no puedes obligar a nadie a que cambie. Pero sí puedes cambiar tú si decides pasar unas buenas fiestas en familia, si lo decides seguramente encontrarás la manera.

El equipo de Psi te de desea una Feliz Navidad!

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