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El divorcio es uno de los momentos más duros de nuestras vidas. Ya sea porque después de años de matrimonio se haya acabado la pasión, porque una infidelidad nos haya revelado que nuestra pareja no es lo que pensábamos, o porque, sencillamente, sea imposible ponernos de acuerdo. El divorcio es una realidad que afecta a cantidad de parejas.

Desde luego, cuando hay hijos y un matrimonio formalizado es más complicado pero una separación que no tenga estas dos cosas también lo es. Lo duro no es firmar o no firmar un papel, sino que la persona a la que hemos amado ya no forma parte de nuestra vida de la misma manera. Divorcio es pérdida y, como toda pérdida, es muy probable que pasemos por un periodo de duelo y que volvamos a estar bien con nosotros mismos. Éste es uno de los retos más difíciles a la hora de superar un divorcio de una vez por todas.

Desgraciadamente nadie está preparado para un divorcio o una ruptura, pues el cambio es enorme y a nuestra psique le cuesta admitir que una persona que ha sido un apoyo y una fuente de calor, de amor, de abrazos y de risas se apague con el paso del tiempo o de un día para otro. A veces, nos aferramos e intentamos luchar cuando ya todo ha muerto. Es en estas ocasiones en las que se puede acabar entrando en una relación insana, en la que el divorcio, la separación sea la mejor la mejor alternativa.

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Las personas que se divorcian pueden tener cantidad de sentimientos y, en ocasiones, pueden no tener la manera de exteriorizarlos o manifestarlos. “¿Para qué si ya no está él/ella?” es lo que suelen pensar muchos. Sin embargo, necesitamos poder dejar que afloren: la tristeza, el odio, la rabia, la culpabilidad… Todo forma parte de lo que sentimos, a veces se nos quita las ganas de seguir adelante y pensamos que hemos “fracasado”. Es normal hacerse preguntas: “¿Podía haber salvado esta relación?” “¿No soy lo suficiente para él/ella?” “¿Qué he hecho mal?”. Si todo esto nos atormenta, más nos atormenta pensar en el día de mañana: “¿Me volverá a pasar?” “¿Me volverán a dejar”? ¿Es posible el amor?

Todos esos miedos son humanos y normales. Casi todos los hemos sentido en alguna ocasión. Sin embargo, precisamente por eso; precisamente porque son tan humanos y tan comunes a todos, puede ser que alguien nos brinde calidez humana, el oído que nos escuche cuando sentimos que nuestros problemas no le preocupan a nadie. Y es que, de los divorcios se acaba saliendo y nunca llovió que no parase.

Algunas cosas que ayudan:

  1. Concéntrate en ti: Cuando estamos en una relación de pareja dejamos de ser un poco “yo” para ser “nosotros”. Si bien es verdad que esto puede ser bueno en muchos aspectos, dado que estamos profundizando en el vínculo con la otra persona; no menos cierto que hemos ido renunciando a cosas importantes para nosotros, en muchas ocasiones sin saberlo. Para superar un divorcio o una ruptura puede ser bueno ir recuperando nuestros hobbies y aficiones. ¿Llevabas tiempo sin pintar? ¿Sin ir a patinar? ¿Sin escuchar esa canción que te gustaba? ¡Hazlo!
  2. Conocer a gente: Una relación puede también ser absorbente y tal vez no hayamos conocido suficientes personas durante el tiempo que estábamos con nuestra ya expareja. El divorcio puede verse también como una oportunidad de conocer nuevas personas. Esto puede hacerse con el objetivo de tener una nueva pareja, sí; o simplemente animarse a conocer personas con las que compartimos gustos, aficiones e ideas. Algunas personas enriquecerán nuestra vida y nos sentiremos más acompañados.
  3. Romper el contacto: Tanto si ha sido un divorcio traumático y violento como si ha sido un divorcio amistoso y queremos mantener a nuestra ex-pareja como amigo o amiga; puede ser necesario distanciarnos o romper el contacto durante unos meses. Necesitamos tiempo para cicatrizar las heridas y, sobre todo, acostumbrarnos a vivir sin la otra persona, a rehacer nuestra vida y esto es muy difícil si tenemos presente a la otra persona.
  4. Apoyarse en un psicólogo: En ocasiones podemos sentir tristeza, miedo, desamparo… También remordimientos y sentimiento de culpa… Podemos creer que nadie puede ayudarnos. No es cierto. Como profesionales vemos que las personas que acuden a un psicólogo cuando no pueden superar solos la separación, se sienten agradecidos por todo lo que aprenden de la situación y logran estar mejor consigo mismas y avanzar en su desarrollo personal, salir del lugar en el que estaban anclados y crecer ante las adversidades.

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