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Experiencia, emoción y Gestalt

By 23 agosto, 2014 One Comment
La terapia gestalt ayuda a ue fluyan las emociones de una manera sana.

La Gestalt contempla a la persona como un todo, un ser global en la búsqueda constante del equilibrio físico y mental y de la armonía entre éste ser y su entorno. En nuestro empeño por conseguir éste equilibrio, al que podemos referirnos también como salud, pueden surgir mecanismos inconscientes que, en lugar de acercarnos a nuestro objetivo que es el bienestar, nos alejan de él.La persona y la realidad se encuentran en estrecha y constante interrelación, de manera que es muy complejo determinar si la causa de un malestar proviene del exterior o del interior. Incluso, puede perder el sentido invertir esfuerzos en hacer tal distinción. Aunque es evidente que los acontecimientos del pasado viven en cierta manera en nuestro presente, y el futuro también, en tanto que lo planificamos y deseamos que sea de una determinada manera, lo único que podemos examinar con la certeza de su existencia en realidad es el presente, nuestro ser ahora y aquí, en éstas determinadas circunstancias y contexto.

Por ello la terapia Gestalt, si bien no puede desvincularse totalmente a hechos del pasado que reverberan en nuestro presente, se centra en nuestro yo aquí y ahora, ése yo entendido sobretodo como un cuerpo que siente y que reacciona.

Qué experimentamos y cómo lo experimentamos subjetivamente adquiere la máxima importancia, aunque se tengan en cuenta también aspectos verbales e intelectuales, pero la vivencia subjetiva de lo que nos acontece es lo más importante ya que es la experiencia el canal principal de aprendizaje y el verdadero motor de cambio.

Ésta experiencia no puede disociarse del entorno, ya que es a éste al que acudimos para satisfacer nuestras necesidades y, cuando no conseguimos dicha satisfacción, aparecen los síntomas de malestar, o lo que es lo mismo, afloran las consecuencias de nuestro intento poco adaptativo de relacionarnos con el entorno para dar respuesta a nuestras necesidades y a nuestros deseos.

El cuerpo adquiere un especial protagonismo ya que se convierte en el único espejo en el que se reflejan nuestras emociones y sensaciones cuando las reprimimos conscientemente. Parece que nos sentimos más protegidos de las emociones desagradables si intentamos desterrarlas, maquillarlas o eludirlas. Pero evitarlas es imposible, son parte de nuestra naturaleza como el respirar y con la misma finalidad ancestral: mantenernos vivos. Por tanto tiene una finalidad y un sentido, aunque se haya perdido su fundamento en nuestra evolución. Desde esta perspectiva no puede afirmarse que existan emociones positivas o negativas, sino más o menos ajustadas y proporcionadas a la situación en la que nos encontramos. Pero sobretodo, son una fuente de información muy valiosa cuando necesitamos superar una dificultad o deseamos ir un paso más allá en nuestro desarrollo personal.

Las emociones no pueden controlarse ni reprimirse en realidad, es la consciencia o la expresión de lo que sentimos lo que a veces conseguimos controla y esconder, como si de insonorizar una sala de conciertos se tratara: la música retumba en el interior mientras el exterior se muestra ajeno al estruendo. Al impedir que las emociones se manifiesten interrumpimos el recorrido de una experiencia determinada, la que nos ha llevado a la emoción y eludimos asumir nuestra responsabilidad en todo ello. La emoción se manifiesta en el cuerpo de manera más diáfana, por lo que es fundamental estar atentos a las sensaciones que aparecen en él.

Aprender a aceptar y manifestar las emociones de forma constructiva como alternativa a las explosiones emocionales o a un control asfixiante de éstas, es un paso fundamental en nuestro camino hacia el bienestar.

En consecuencia, la terapia Gestalt no se orienta a atacar patologías, ni a curar enfermedades, se orienta completamente a la persona que sufre para que, realizando los pasos necesarios, descubra por si misma los recursos que posee, los aumente o adquiera de nuevos. Al mismo tiempo es necesario que nos hagamos conscientes de los mecanismos que ponemos en funcionamiento para bloquear el cambio. El resultado es que somos nosotros mismos los que descubrimos nuestras capacidades y recursos para vincularnos con la realidad de otra manera, para establecer con nuestro entorno una relación más autónoma, libre y saludable.

 

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