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Cuando se acerca la Navidad, sentimos que se acercan tiempos de compromisos y encuentros. Sin embargo, esta época también marca el final de un ciclo. Por lo tanto, hacer una pausa, compartir y reflexionar, nos beneficiará para afrontar los desafíos del nuevo año. ¿Te guiamos acerca de cómo hacerlo?

La pausa de la Navidad las resoluciones del nuevo año

blankEn la cultura británica, las personas se toman muy en serio las resoluciones del nuevo año. Tanto es así que las escriben una a una, como si de una tarea escolar se tratara. Es innegable que el poder de lo escrito sobrepasa con creces a aquello que tan solo se queda atrapado en nuestros pensamientos.
No obstante, antes de avanzar hacia lo nuevo que queremos construir, es necesario hacer una pausa para reflexionar.

¿Acerca de qué?

De nuestras relaciones, de nuestros logros, de nuestras actitudes… En fin, de todo lo que nos rodea. Veamos cómo abordar cada área de nuestra vida para obtener el máximo beneficio de nuestra reflexión. ya te hemos hablado en otras ocasiones sobre las fiestas navideñas y los propósitos de año nuevo en post como:

Reflexiones navideñas para evaluar el camino recorrido

  1. Reflexiones acerca de nuestros vínculos: Este es el momento del año ideal para preguntarnos si las personas que forman parte de nuestro círculo más íntimo son aquellas con las que queremos estar. ¿Hemos hecho algo para deshacernos de las relaciones nocivas y de dependencia que mantenemos? ¿Fue suficiente? La invitación a pensar, y actuar en consecuencia, acerca de si no hay nadie que sobre en tu vida, queda hecha a partir de este momento. También te invitamos a reflexionar acerca del estado de tus vínculos afectivos. ¿Has cultivado cada amistad y cada relación familiar con el esmero que cada una merecía?
  2. Reflexiones acerca de nuestros logros: Seguramente terminaste el año pasado con un nutrido puñado de planes a cumplir. La pregunta es si los has concretado y, en caso contrario, si has hecho todo lo que estuvo a tu alcance para alcanzarlos. Es también muy importante evaluar cómo te sientes con tus nuevas metas conquistadas. ¿Han cumplido con tus expectativas? Si sientes que es así o que incluso las han superado, es porque vas por el camino elegido. En caso contrario, te beneficiarás de hacer un recuento de tus metas y objetivos para cambiar lo que haga falta.
  3. Reflexiones acerca de nuestras actitudes: La Navidad nos llama a pensar acerca de cómo nos relacionamos con los demás. ¿Hemos logrado gestionar nuestras emociones? ¿Somos emocionalmente más inteligentes que a comienzos de año? ¿Hemos sustituido actitudes agresivas por actitudes constructivas? En esta área, es vital que reflexiones acerca de las actitudes hacia ti mismo. ¿Has sido lo suficientemente bondadoso contigo o te privas de actividades y gustos que bien podrías darte? ¿Quién tiene prioridad en tu vida? ¿Tú o los demás? ¿Te sientes bien con tu escala de prioridades o crees que deberías ajustar un poco (o bastante) la balanza?
  4. Reflexiones acerca de tus objetivos: ¿Cuántos de tus objetivos has cumplido este año? ¿Qué has hecho para lograrlos? ¿Qué no has hecho que podrías haber realizado para conseguirlos? Responde estas preguntas por escrito y tendrás un punto de partida sólido y realista para comenzar a construir tu realidad en el año que se inicia.
  5. Reflexiones acerca de tu estilo de vida: La respuesta correcta acerca de si es mejor llevar una vida orientada a lo espiritual o a lo material solo la tienes tú. Lo que importa que hagas en estas Navidades no tiene que ver con renunciar a una existencia materialista y sustituirla por una espiritual si esto no es lo que quieres, lo que interesa es que reflexiones acerca de si tu estilo de vida está congraciado con tus expectativas y deseos. Date el permiso de elegir lo que quieres y sé sincero contigo mismo al respecto. La honestidad es el primer paso hacia la consecución de nuestras metas y objetivos.

Las Navidades como una instancia para compartir

Esta época del año llama a reunirnos para compartir. Cuando un ciclo termina y da comienzo a otro, abrazarnos (literalmente) a nuestros seres queridos, especialmente con aquellos que tanto apreciamos, pero que no están cerca de nosotros durante el año. Y abrazar con el corazón a aquellos que ya no están, pero habitan en nuestra alma para siempre. Esto nos renueva y nos recuerda que, más allá del trabajo, de las obligaciones y de las exigencias en las que resulta inevitable entrar, somos seres sociales que necesitamos del contacto con los demás.
Si queremos ser una persona que da amor y comprensión a sus seres cercanos, es indispensables nutrirnos del amor que solo el compartir instancias y vivencias con otras personas nos puede dar.

Las Navidades como punto de cierre y de partida

Estamos por cerrar un ciclo, el cual pudo haber sido trascendental o no tanto y reflexionando acerca de lo hecho y de lo dejado de lado, podremos construir las bases para el año que se inicia.
Reflexionar es una buena forma de corregir, y también de reivindicar, nuestras actitudes y formas de plantarle cara a la vida.

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