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Estamos deseando que lleguen las vacaciones, necesitamos descansar y desconectar pero, a veces, cuando llega el momento se nos hace muy difícil disfrutar de ellas. Hay muchas cosas que influyen en que podamos gozar de nuestro ansiado tiempo  de descanso. Os proponemos reflexionar un poco sobre ellas.

La primera dificultad suele ser desconectarse de la rutina diaria, de las obligaciones, de los horarios, de las tareas, incluso de los lugares que ya conocemos. Solemos pensar en la rutina como algo negativo y tedioso pero, aunque sostenida indefinidamente acaba agotándonos, nos ayuda a organizarnos a nivel interno. Pero puede estar tan instalada en nosotros que nos cueste situarnos y relacionarnos con otra realidad en que las referencias que usamos a diario no nos sirven.

Para muchos de nosotros la mayor dificultad es la de desconectar del trabajo ya que la lista de tareas nunca termina y, probablemente, hemos dejado algún asunto pendiente de resolver.

El nivel de actividad en el período de vacaciones suele ser distinto al que acostumbramos a mantener. A veces queremos aprovechar las vacaciones para hacer todo aquello que no podemos hacer normalmente, sobrecargando nuestra agenda y planificando actividades sin fin, empecinados en sacar el máximo partido de nuestro tiempo. O, en el otro extremo, pasamos a no hacer nada de nada. En ambos casos se produce una diferencia importante entre el ritmo habitual de nuestra vida diaria que puede hacernos sentir desorientados.

Otro cambio substancial suele ser la cantidad de tiempo que pasamos con la familia y amigos. En nuestra rutina diaria cada miembro de la familia dispone de un tiempo limitado para dedicar a los demás, ya que todo es mundo está ocupado con sus propias obligaciones. Las horas de convivencia y actividades conjuntas aumentan significativamente lo que puede incrementar las fricciones o que acabemos cansados por la sobrecarga en nuestra vida social.

Para sacar el  mayor provecho posible de nuestro tiempo libre tendemos a querer planificar cada minuto, lo que puede generarnos angustia por no llegar a hacer todo lo que queríamos o por los imprevistos con los que seguro que vamos a toparnos…

Es recomendable ser flexibles en la planificación de los períodos de descanso e intentar situarnos en el aquí y el ahora. Cuando estamos presentes nos conectamos a lo que nos sucede en el presente, a lo que nos agrada o nos desagrada y a nuestros deseos reales. Si nuestros propósitos son menos rígidos conseguiremos disfrutar de lo que hacemos en cada momento y dedicar nuestro tiempo a lo que realmente queremos hacer.

Es un buen momento para poner la atención en lo que nos apetece, en distribuir nuestro tiempo según queramos y nos convenga, en cambiar los planes sin darle  mucha importancia, si de disfrutar más se trata. Por otro lado, situarnos en el presente nos permite disfrutar de las pequeñas cosas y no sólo de los eventos especiales sobre los que ponemos grandes expectativas.

Libres de las obligaciones de cada día podemos permitirnos cambiar de opinión, de dirección o de ruta, dedicar horas a disfrutar de un paisaje y pasar de largo de una gran atracción turística… ¡O hacer nada!

Sólo depende de nosotros que desconectemos de la rutina sin roturas, que adaptemos el tiempo del que ahora disponemos a nuestras necesidades y deseos, a permitirnos a actividad que nos apetezca, a permanecer desconectados y confiar en que nuestra ausencia no originará ninguna catástrofe, a poner límites a nuestros compromisos y a disfrutar al máximo de cada instante, hagamos lo que hagamos. Nuestro equipo de Psicólogos en Barcelona pueden ayudarte a través de la Terapia Gestalt, no dudes en pedir ayuda, cuando la necesites.

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